Poemas de Cindy Jiménez Vera
- Distrópika

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COLONOS
Allá en ese paisaje urbano
en el que apenas
se distinguen dos árboles
hace décadas había un río
avasallador y dulce
que secaron ellos
para crear una urbanización.
Cuando llueve mucho
el río reclama su espacio.
Los citadinos le llaman
a ese acto descolonizador de la lluvia:
inundaciones. Y le huyen.
Parecen no recordar a Salcedo
y buscan —con terror— soluciones
a la posibilidad de ahogarse.
Del libro inédito TAMBIÉN FUI UNA MUJER
FRENTE A LA XILOGRAFÍA SIN TÍTULO (2000) DE MARTA PÉREZ GARCÍA
Las mujeres rurales
somos más de un tercio
de la población mundial,
y el 43 porciento
de la mano de obra agrícola.
Labramos la tierra,
y plantamos las semillas
que alimentan naciones enteras.
Pero, el hombre
nos condena a la pobreza,
nos priva del mismo acceso a la tierra,
créditos, materiales agrícolas,
mercados y cadenas de productos
cultivados de alto valor.
En su lugar, nos convida
al trabajo invisible y no remunerado
llamado amor incondicional,
sacrificio de madre,
abnegación de abuela,
ejemplo de esposa.
Y, así callamos esta violencia
de vivir en peores condiciones
que los campesinos
y las mujeres urbanas.
Por eso, nuestros actos políticos
son producto del afecto.
Ayer, fui una mujer de Lares
con trenzas largas.
Enseñé a muchos hombres
a organizarse y luchar
contra los colonizadores españoles.
Pero, la historia me recuerda
porque cosí una bandera
para que un hombre diera la misa
y otros hombres declararan la República.
También fui una mujer
que criaba gallinas ponedoras
en Arecibo, Puerto Rico.
Mis hijos
se alimentaron de sus huevos
de un amarillo feroz
como el hambre.
Y con la mantequilla y la leche
de las vacas que ordeñé
todos fueron a la universidad.
Algunos dejaron la isla
para abrirse una esperanza
de otro color
el de la migración.
Su producción intelectual
es materia de estudio
en varios países.
Nadie habla de mí.
Hoy soy una de las patronas de Veracruz.
Cocino para cientos de migrantes
centroamericanos que viajan
encima de un tren
hacia los Estados Unidos.
Almaceno la comida,
la reviso, la preparo y la sirvo.
Espero a la orilla de las vías.
Cargo bolsas de comida caliente
y agua fresca
porque algunos no han comido
desde hace más de una semana.
Corro para estar lista
para el paso de La Bestia.
Y les lanzo los alimentos.
Con esta obra de afecto
desde mi cuerpo agreste
y mis manos rurales
no solucionaré el mundo.
Solucionaré la vida.
Y eso es algo.
Porque querer a la gente no cuesta,
son hermanos de la humanidad.
Graciasmadregracias,
quédioslabendiga
me gritan hondureños, salvadoreños,
guatemaltecos, y nicaragüenses,
desde La Bestia en movimiento.
Me toco el pecho desde lejos.
Este amor me pinta el vientre
de colores alucinantes.
Mira mis espigas
de un barroco antillano,
naturaleza salvaje.
Mi piel queda al relieve
tras la plancha perdida
de la versificación
que irrumpe con violencia
esta madera de donde brotan
ojos, bocas, lenguas, torsos,
animalia, destrozo
creador de la vida.
Fíjate bien,
hombre,
ahora mismo
todos los animales
se alargan como el trigo
en saludo glorioso
a las mujeres rurales
como esperanza de futuro
y entre todos ellos
hay un espacio para ti.
Del libro inédito TAMBIÉN FUI UNA MUJER
NAVIDAD 2022
Con tantos familiares y amigos
yéndose al extranjero
últimamente se han puesto de moda
en época de fiestas navideñas
las conversaciones sobre
gestionar la soledad.
Yo aprendí a pasar de eso.
Lo que me convendría
aprender a gestionar
es el canto de los pájaros
en la ventana de al lado
que a deshoras
y en vacaciones de Navidad
trinan, cantan y bendicen
el día del vecino,
pero, no se acercan a bendecir el mío.
Mis auxiliares auditivos,
esos que amplifican el sonido
para sobrellevar mi sordera,
descansan en su caja,
y aun así los pájaros
insisten en emitir
sus ondas sonoras
que me despiertan temprano,
aunque no hayan intencionado
cantar para mí.
Qué muchas horas pasan
y qué largas son las mañanas
cuando se conmueve una
y llora por la belleza
de despertarse pronto
con el canto de los pájaros
en la ciudad, desde la ventana del vecino
que no les hace caso.
Y qué triste asomarse a un paisaje
lleno de asfalto y alquitrán
y de pájaros ya silenciosos
que le huyen deprisa
a la destrucción urbana,
con la promesa de regresar
a la ciudad mañana temprano
a gestionar su soledad.
Del libro inédito POEMAS DE NAVIDAD
NAVIDAD 2019
A nuestro árbol de Navidad familiar
había que ponerle las luces de colores
primero que todo.
Esas eran las directrices de mi madre.
Luego iban las guirnaldas y los adornos.
Al final ella esparcía
unas delgadas y brillantes lágrimas
color plata en todo el árbol,
y así completaba la decoración.
Daba igual si había una estrella
o un ángel arriba del árbol.
No había ortodoxia
en la iconografía celeste
que coronaría uno
de tantos árboles
en nuestro barrio rural.
Esta costumbre duró durante
toda mi infancia y adolescencia.
Mis hermanos y yo salimos de casa.
Con el tiempo mi madre
perdió el interés
en poner el árbol de Navidad.
Entonces, lo hacía mi padre,
quien seguía la tradición familiar
al pie de la letra.
Muchos años después
cuando murió mi madre
fuimos sus tres hijos
quienes esparcimos
todas las lágrimas
de nuestros cuerpos
a lo largo y ancho
de dos continentes:
América y Europa.
Aún seguimos siendo
fuentes inagotables
no importa cuál
festividad del año
el mundo decida celebrar.
Lo que nunca supe
es si al volverse a casar nuestro padre,
pocos meses después
de la muerte de mi madre,
él seguía colgando lágrimas
en su árbol de Navidad.
Por mi parte,
hace más de diez navidades
que no pongo uno
en mi casa de ciudad.
Eso de perder el interés
por decorar un árbol
y colgar lágrimas
sólo en Navidad
es herencia materna.
Del libro inédito POEMAS DE NAVIDAD
PARA SER FELIZ NECESITAS
Mirar los colores de los amaneceres;
¿Conoces la hora dorada de los atardeceres?
Observar las formas de la luna y conocer sus fases.
Cuéntame cómo es la menguante y la creciente, ¿qué hace?
De noche buscar todas las constelaciones,
conocer las estrellas y las cuatro estaciones.
Mirar los árboles y memorizar sus nombres.
El Capá Prieto y la Ceiba ¿son amables?
Mirar las flores, memorizarlas con orgullo.
Conocer sus nombres; la Flor de Maga ¿sabe el tuyo?
El canto de los pájaros has de identificar.
Poder nombrarlos y sus colores pintar.
¿Cuántos ríos has saludado en persona?
Decirle: ¡buenos días! al Río Culebrinas.
Probar frutas y vegetales que nunca has comido.
Memorizar sus sabores, sus temporadas, sus semillas, sus ruidos.
Hacer caminatas por hermosos lugares naturales.
Visitar bosques, cuevas, faros, pueblos y ciudades.
Aprender a leer mapas. Adquirir idiomas.
Bailar en otras lenguas, ¿y ese té cómo se toma?
Ser amable con todos. Ser amable contigo,
Querer mucho, mucho, mucho a los buenos amigos.
Del libro infantil inédito POEMAS PARA SERES REALES E IMAGINARIOS
¿PODRÍA HABLARNOS SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA DE SU PAÍS?
No sabría responder.
El lugar donde se nace
es puramente incidental.
El cuerpo de la madre
es nuestro país de origen.
Nacer es el primer exilio.
Caminar por la tierra
es una eterna diáspora.
Duele nuestra condición de forasteros:
saber que no volveremos nunca
—ni vivos ni muertos—
a nuestro lugar.
De NO LUGAR (2017).
CINDY JIMÉNEZ VERA (Bayonne, New Jersey, 1978). Poeta puertorriqueña de San Sebastián de las Vegas del Pepino, Puerto Rico. Es políglota, pero su obra publicada es en castellano por la firme decisión política de defender el dialecto boricua, en especial el habla de las mujeres rurales puertorriqueñas. En 2024 recibió la beca Letras Boricuas de la Fundación Flamboyán para las Letras (Puerto Rico) y de la Fundación Mellon (Estados Unidos), en 2023 ganó el Premier Prix del concurso de poesía en francés Dis-Moi Dix Mots del Ministerio de Cultura de Francia, en su edición en Puerto Rico, en 2021 estuvo nominada al Pushcart Prize de Estados Unidos en la categoría de poesía. Es autora de los poemarios Te cambio esta isla / I’ll Trade You This Island, edición bilingüe con traducciones al inglés por Guillermo Rebollo-Gil (2018); No lugar (2017), Islandia (2015), 400 nuevos soles (2013) y Tegucigalpa (2012), del libro de crónicas de viaje a El Salvador En San Sebastián, su pueblo y el mío (2015), y del libro de poesía infantil El gran cheeseburger y otros poemas con dientes (2015). Sus poemas han sido incluidos en libros de texto de la materia de español a nivel primario, intermedio y secundario, así como asignados en cursos universitarios, traducidos a varios idiomas, y publicados en revistas literarias, periódicos, y antologías locales e internacionales. Ha traducido al español la poesía de la poeta de Kurdistán / Irak, Faiza Sultan, bajo el título Démosle una oportunidad a la guerra (Coeditado por el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico y el Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2024). Se ha desempeñado como editora, traductora literaria, bibliotecóloga y profesora universitaria.




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