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Poemas de Cindy Jiménez Vera

  • Writer: Distrópika
    Distrópika
  • 2 days ago
  • 6 min read


COLONOS 


Allá en ese paisaje urbano 

en el que apenas 

se distinguen dos árboles 

hace décadas había un río 

avasallador y dulce 

que secaron ellos 

para crear una urbanización. 

Cuando llueve mucho 

el río reclama su espacio. 

Los citadinos le llaman 

a ese acto descolonizador de la lluvia: 

inundaciones. Y le huyen. 

Parecen no recordar a Salcedo 

y buscan —con terror— soluciones 

a la posibilidad de ahogarse. 

Del libro inédito TAMBIÉN FUI UNA MUJER 


FRENTE A LA XILOGRAFÍA SIN TÍTULO (2000) DE MARTA PÉREZ GARCÍA


Las mujeres rurales

somos más de un tercio

de la población mundial,

y el 43 porciento

de la mano de obra agrícola.

Labramos la tierra,

y plantamos las semillas

que alimentan naciones enteras.

Pero, el hombre

nos condena a la pobreza,

nos priva del mismo acceso a la tierra,

créditos, materiales agrícolas,

mercados y cadenas de productos

cultivados de alto valor.

En su lugar, nos convida

al trabajo invisible y no remunerado

llamado amor incondicional,

sacrificio de madre,

abnegación de abuela,

ejemplo de esposa.

Y, así callamos esta violencia

de vivir en peores condiciones

que los campesinos

y las mujeres urbanas.

Por eso, nuestros actos políticos

son producto del afecto.


Ayer, fui una mujer de Lares

con trenzas largas.

Enseñé a muchos hombres

a organizarse y luchar

contra los colonizadores españoles.

Pero, la historia me recuerda

porque cosí una bandera

para que un hombre diera la misa

y otros hombres declararan la República.


También fui una mujer

que criaba gallinas ponedoras

en Arecibo, Puerto Rico.

Mis hijos

se alimentaron de sus huevos

de un amarillo feroz

como el hambre.

Y con la mantequilla y la leche

de las vacas que ordeñé

todos fueron a la universidad.

Algunos dejaron la isla

para abrirse una esperanza

de otro color

el de la migración.

Su producción intelectual

es materia de estudio

en varios países.

Nadie habla de mí.


Hoy soy una de las patronas de Veracruz.

Cocino para cientos de migrantes

centroamericanos que viajan

encima de un tren

hacia los Estados Unidos.

Almaceno la comida,

la reviso, la preparo y la sirvo.

Espero a la orilla de las vías.

Cargo bolsas de comida caliente

y agua fresca

porque algunos no han comido

desde hace más de una semana.

Corro para estar lista

para el paso de La Bestia.

Y les lanzo los alimentos.

Con esta obra de afecto

desde mi cuerpo agreste

y mis manos rurales

no solucionaré el mundo.

Solucionaré la vida.

Y eso es algo.

Porque querer a la gente no cuesta,

son hermanos de la humanidad.

Graciasmadregracias,

quédioslabendiga

me gritan hondureños, salvadoreños,

guatemaltecos, y nicaragüenses,

desde La Bestia en movimiento.

Me toco el pecho desde lejos.

Este amor me pinta el vientre

de colores alucinantes.

Mira mis espigas

de un barroco antillano,

naturaleza salvaje.

Mi piel queda al relieve

tras la plancha perdida

de la versificación

que irrumpe con violencia

esta madera de donde brotan

ojos, bocas, lenguas, torsos,

animalia, destrozo

creador de la vida.

Fíjate bien,

hombre,

ahora mismo

todos los animales

se alargan como el trigo

en saludo glorioso

a las mujeres rurales

como esperanza de futuro

y entre todos ellos

hay un espacio para ti.


Del libro inédito TAMBIÉN FUI UNA MUJER


NAVIDAD 2022


Con tantos familiares y amigos

yéndose al extranjero

últimamente se han puesto de moda 

en época de fiestas navideñas

las conversaciones sobre

gestionar la soledad.

Yo aprendí a pasar de eso.

Lo que me convendría 

aprender a gestionar 

es el canto de los pájaros 

en la ventana de al lado

que a deshoras

y en vacaciones de Navidad

trinan, cantan y bendicen 

el día del vecino,

pero, no se acercan a bendecir el mío.

Mis auxiliares auditivos,

esos que amplifican el sonido

para sobrellevar mi sordera,

descansan en su caja,

y aun así los pájaros

insisten en emitir

sus ondas sonoras 

que me despiertan temprano, 

aunque no hayan intencionado

cantar para mí. 

Qué muchas horas pasan

y qué largas son las mañanas

cuando se conmueve una 

y llora por la belleza 

de despertarse pronto

con el canto de los pájaros

en la ciudad, desde la ventana del vecino

que no les hace caso. 

Y qué triste asomarse a un paisaje

lleno de asfalto y alquitrán

y de pájaros ya silenciosos

que le huyen deprisa

a la destrucción urbana,

con la promesa de regresar

a la ciudad mañana temprano

a gestionar su soledad. 


Del libro inédito POEMAS DE NAVIDAD 


NAVIDAD 2019


A nuestro árbol de Navidad familiar

había que ponerle las luces de colores

primero que todo.

Esas eran las directrices de mi madre.

Luego iban las guirnaldas y los adornos.

Al final ella esparcía

unas delgadas y brillantes lágrimas 

color plata en todo el árbol, 

y así completaba la decoración.

Daba igual si había una estrella

o un ángel arriba del árbol.

No había ortodoxia 

en la iconografía celeste

que coronaría uno 

de tantos árboles

en nuestro barrio rural.

Esta costumbre duró durante

toda mi infancia y adolescencia.

Mis hermanos y yo salimos de casa.

Con el tiempo mi madre 

perdió el interés

en poner el árbol de Navidad.

Entonces, lo hacía mi padre,

quien seguía la tradición familiar

al pie de la letra.

Muchos años después

cuando murió mi madre

fuimos sus tres hijos

quienes esparcimos 

todas las lágrimas 

de nuestros cuerpos

a lo largo y ancho 

de dos continentes: 

América y Europa.

Aún seguimos siendo 

fuentes inagotables

no importa cuál 

festividad del año

el mundo decida celebrar.

Lo que nunca supe 

es si al volverse a casar nuestro padre,

pocos meses después

de la muerte de mi madre,

él seguía colgando lágrimas

en su árbol de Navidad.

Por mi parte, 

hace más de diez navidades

que no pongo uno 

en mi casa de ciudad.

Eso de perder el interés 

por decorar un árbol 

y colgar lágrimas

sólo en Navidad

es herencia materna.


Del libro inédito POEMAS DE NAVIDAD 


PARA SER FELIZ NECESITAS


Mirar los colores de los amaneceres;

¿Conoces la hora dorada de los atardeceres?


Observar las formas de la luna y conocer sus fases.

Cuéntame cómo es la menguante y la creciente, ¿qué hace?


De noche buscar todas las constelaciones, 

conocer las estrellas y las cuatro estaciones. 


Mirar los árboles y memorizar sus nombres.  

El Capá Prieto y la Ceiba ¿son amables?


Mirar las flores, memorizarlas con orgullo.

Conocer sus nombres; la Flor de Maga ¿sabe el tuyo? 


El canto de los pájaros has de identificar.  

Poder nombrarlos y sus colores pintar.


¿Cuántos ríos has saludado en persona? 

Decirle: ¡buenos días! al Río Culebrinas.


Probar frutas y vegetales que nunca has comido. 

Memorizar sus sabores, sus temporadas, sus semillas, sus ruidos. 


Hacer caminatas por hermosos lugares naturales. 

Visitar bosques, cuevas, faros, pueblos y ciudades.


Aprender a leer mapas. Adquirir idiomas. 

Bailar en otras lenguas, ¿y ese té cómo se toma?


Ser amable con todos. Ser amable contigo,

Querer mucho, mucho, mucho a los buenos amigos. 


Del libro infantil inédito POEMAS PARA SERES REALES E IMAGINARIOS 


¿PODRÍA HABLARNOS SOBRE LA MEMORIA HISTÓRICA DE SU PAÍS?


No sabría responder.

El lugar donde se nace

es puramente incidental.

El cuerpo de la madre

es nuestro país de origen.

Nacer es el primer exilio.

Caminar por la tierra

es una eterna diáspora.

Duele nuestra condición de forasteros:

saber que no volveremos nunca

—ni vivos ni muertos—

a nuestro lugar. 


De NO LUGAR (2017).

CINDY JIMÉNEZ VERA (Bayonne, New Jersey, 1978). Poeta puertorriqueña de San Sebastián de las Vegas del Pepino, Puerto Rico. Es políglota, pero su obra publicada es en castellano por la firme decisión política de defender el dialecto boricua, en especial el habla de las mujeres rurales puertorriqueñas. En 2024 recibió la beca Letras Boricuas de la Fundación Flamboyán para las Letras (Puerto Rico) y de la Fundación Mellon (Estados Unidos), en 2023 ganó el Premier Prix del concurso de poesía en francés Dis-Moi Dix Mots del Ministerio de Cultura de Francia, en su edición en Puerto Rico, en 2021 estuvo nominada al Pushcart Prize de Estados Unidos en la categoría de poesía. Es autora de los poemarios Te cambio esta isla / I’ll Trade You This Island, edición bilingüe con traducciones al inglés por Guillermo Rebollo-Gil (2018); No lugar (2017), Islandia (2015), 400 nuevos soles (2013) y Tegucigalpa (2012), del libro de crónicas de viaje a El Salvador En San Sebastián, su pueblo y el mío (2015), y del libro de poesía infantil El gran cheeseburger y otros poemas con dientes (2015). Sus poemas han sido incluidos en libros de texto de la materia de español a nivel primario, intermedio y secundario, así como asignados en cursos universitarios, traducidos a varios idiomas, y publicados en revistas literarias, periódicos, y antologías locales e internacionales. Ha traducido al español la poesía de la poeta de Kurdistán / Irak, Faiza Sultan, bajo el título Démosle una oportunidad a la guerra (Coeditado por el Festival Internacional de Poesía en Puerto Rico y el Instituto de Cultura Puertorriqueña, 2024). Se ha desempeñado como editora, traductora literaria, bibliotecóloga y profesora universitaria.

 
 
 

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