Poemas de Antonio José Ponte
- Distrópika

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Foto de Orlando Jiménez Leal
Hay un infierno de los libros dejados de leer…
Hay un infierno de los libros dejados de leer,
ahí está cada quien en su página testigo.
La abandonada, fuerte
como un menor en una sala de justicia.
Se va preñado de ella sin saberlo.
Preñado, prendido de.
La acantilado página, despeñadero
en que perdemos pie y
resuenan para siempre
los cencerros,
la recua.
Relectura, remordimiento…
Relectura, remordimiento
de haber abandonado algo crucial,
rencor de no tener sabido de memoria.
Mala conciencia por no comprender
lengua del entresueño, angustia
de dejar cruzar el salvamento.
Nunca deseo de volver
a quienes fuimos.
Repasar, plato a plato,
la vajilla.
Entrar al texto con las expectativas
de quien emprende un nuevo matrimonio.
Sin otra marca de haber sido leído…
Sin otra marca de haber sido leído
que pelos que se animan al hojearlo,
subrayan una frase, parecieran tachar,
reptan a ras del texto.
Huellas de algún amante,
de un tiempo en el cual todo parecía
destinado a la interjección,
a saltar de la página,
no a esta labor rastrera
de subrayados y de tachaduras.
(Acerca de la melancolía
que da el comprar libros usados.)
Reunidos en la biblioteca…
Reunidos en la biblioteca
para acordar el divorcio.
Regresar a la biblioteca
para dividir los libros.
Antonio José Ponte (Matanzas, Cuba, 1964). Poeta, ensayista y narrador. Ha publicado, entre otros títulos, Las comidas profundas (Deleatur, Angers, 1997), Asiento en las ruinas (Renacimiento, Sevilla, 2005), Un seguidor de Montaigne mira La Habana/Las comidas profundas (Verbum, Madrid, 2001), Contrabando de sombras (Mondadori, Barcelona, 2002), El libro perdido de los origenistas (Renacimiento, Sevilla, 2004), Un arte de hacer ruinas y otros cuentos (Fondo de Cultura Económica, México D.F., 2005), La fiesta vigilada (Anagrama, Barcelona, 2007) y Desfila La Habana (Tusquets, Ciudad de México, 2026). Reside en Madrid.




Uno de nuestros grandes poetas. Lo vi mi día último en el país natal. Alto, desgarbado, misterioso. La mirada perdida en alguna parte (¿un texto, un golpe?). Me saludó con gentileza. Lo miré alejarse entre las ruinas.