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Poemas de Francisco Félix

Muestra del libro SOBRE LOS DOMINGOS (La Impresora, 2019)


Jueves 10 de enero | 1:50 p.m.


Estoy meciéndome en la hamaca. Miro el cielo nublado desde el

balcón que comparto con el vecino que lava su ropa. La lavadora está

dañada y hay que vigilar el primer ciclo para que no se inunde el

balcón. Se nos hace difícil distinguir entre la llovizna y el polvo en el

aire. Recordé a Kevin Fret. En las noticias dijeron que recibió ocho

balazos mientras corría su motora a las 5:30 a.m. en la intersección

de la calle Bellevue con la avenida Eduardo Conde. Yo salí

caminando para mi casa a eso de las 6:00 a.m. No recuerdo haber

escuchado ocho detonaciones. Creo que es cosa de costumbre.

Se escuchan disparos desde las 8:00 p.m. todos los días. Interrumpir

mi lectura de madrugada. Pensar, “alguien acaba de morir, ahora,

a las tres de la mañana”. Imagino a Luis Lloréns Torres volviendo

a la vida, descubriendo que su nombre se asocia con la marginación,

la violencia y el olvido. El valle de las balas.

 

Jueves 21 de febrero | 6:52 p.m.


Llegué a mi casa a las seis de la mañana. Estoy leyendo en el balcón

unos poemas que Amanda me compartió. Se escucha la corriente del

cable del tendido eléctrico de vez en cuando. Todavía se ve


la luna. Mi casa está bastante cerca de la Baldorioty y del aeropuerto.

Hasta ahora, se me ha caído un vaso de cristal, una sartén con aceite de

oliva, un poco de café en el piso del balcón. Me bebí la mitad.


Se escucha el sonido de los carros pasando a setenta millas por el

Expreso. El vecino se prepara para salir. Son las 6:57 a.m.

Primero recoge el uniforme de trabajo: pantalones, chaleco negro


y un suéter blanco. Recoge una sábana tendida en los balaústres del

balcón. Mira al cielo, asoma la cabeza fuera del alero. Hace un sol

cabrón. El vecino sale a trabajar en bicicleta.


A veces olvido que vivo cerca del aeropuerto. Me acostumbro

al sonido del aterrizaje. Un zumbido largo, amortiguado por el

cemento de la pared y por el encierro en mi casa. Dos reinitas

sentadas en los cables de los postes hacen pequeños chillidos.

Otras dos se posan en el techo de la casa del frente. Han sonado

como cinco o seis sirenas. No sé si hay diferencia entre el sonido

de las patrullas de policía y las ambulancias. Es igual, alguien está

esperando. Hay agua, café y aceite de oliva regado por todo

el piso de la casa. No hay agua desde las seis y media de la mañana.

Empezó a llover. Me pregunto si el vecino llegó a su trabajo antes

de que cayera el aguacero. Tengo que volver a mi encierro porque

la lluvia moja el balcón.

 

Lunes 25 de febrero | 7:25 a.m.


Salí para mi casa a las 6:50 a.m. En un tramo de la calle Loíza

había cuatro personas. Uno era un muchacho joven, venía de

trabajar el turno de madrugada con el uniforme del supermercado.

Tenía una bolsa de plástico de Supermax con un bowl de

comida adentro y los ojos cansados. Un hombre esperaba

sentado frente a Ana’s Café, como si no tuviese prisa por que lo

vinieran a buscar. Creo que leía el periódico. La resolana se

asomaba y no podía ver bien. La luz de la mañana ciega a los

primeros que abren los ojos. En la esquina de un restaurante un

empleado recogía la basura de anoche.


Los zafacones amanecen desbordados, banquete para las

palomas. Pienso en la vida del empleado, en la del joven, en la

vida de quienes esperamos. A qué hora se levantan, si sus hijas

se preparan para la escuela, si saludaron a sus vecinos cuando

se sentaron a tomar café en el balcón (como hago yo ahora).

Imagino la vida de otros. Quería darle las gracias, pero no me

atreví. Me salí del medio para que pudiera trabajar. El hombre

del parcho y el cigarrillo pasaba por mi casa cuando llegué.

No tiene tanta importancia. El hombre, digo. Lo que importa

es que llegué a casa.

 

Francisco Félix es escritor y traductor. Nació el 18 de septiembre de 1990 en Río Piedras. Se crió en la colindancia entre Carolina y Trujillo Alto. Estudió Sociología y Estudios Hispánicos en la Universidad de Puerto Rico, Rio Piedras. Publicó el poemario Esta Isla (Alayubia, 2019) y Sobre los domingos (La Impresora, 2019). Participó del programa “La Práctica” de Beta Local en el 2019. En el 2021 fue seleccionado por el comité de La Fundación Flamboyán y la Mellon Foundation para recibir el premio Letras Boricuas, una beca que reconoce el trabajo de escritores puertorriqueños en la diáspora y en la isla. Sus poemas han sido traducidos al inglés y al francés. Escribe comentarios sobre literatura en su blog Rumiares Repetidos.

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